Protocolo para ser la madrina perfecta

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Ser madrina de boda, en general la madre del novio, es un gran honor y una gran responsabilidad. Después de la novia, es la segunda figura femenina más importante en este día tan especial.

El protocolo cuenta con normas de etiqueta muy específicas que determinan cómo vestirse para acertar de lleno en el día B.

Pregunta del millón: ¿De largo o de corto?

Aunque la etiqueta de la boda es la que marca la madrina, la tradición nos dice que lo habitual es que vaya con vestido largo, independientemente de si el evento se produce por la mañana o por la noche. Su papel admite un vestido de fiesta por todo lo alto. Eso sí, se recomienda que el diseño sea sencillo y, sobre todo, que no eclipse el vestido de la novia.

En cuanto al color del vestido, se debe evitar el color blanco y el marfil para que no pueda confundirse con la novia. Los colores más apropiados son los tonos pastel y los colores joyas (esmeralda, zafiro o rubí). El negro también queda prohibido, pues este color se asocia al luto.

¿Tocado o mejor una mantilla?

La mantilla es un complemento que tiene especial acogida entre las madrinas, pero son ellas las que deciden si llevarlos o no. Por sus propias características, su uso está limitado a cierto tipo de eventos; además de adornando la cabellera de las madrinas, la mantilla no se deja ver muy a menudo. El protocolo dicta que sea negra, aunque hoy por hoy se puede llevar en un tono más claro. Eso sí, la mantilla no tiene por qué restar protagonismo al velo de la novia, y es recomendable llevarla solamente si se trata de una boda de día y con vestido largo.

En lo que se refiere al tocado, es preferible que se utilice si la boda es por la tarde. Por el contrario, si la madrina opta por un vestido corto, pamela si la boda es diurna y sombrero de ala corta o tocado si es de noche.

Los zapatos, ¿de tacón alto o bajo?

Se recomienda un tacón más discreto por la mañana, mientras que por la noche la madrina puede lucir tacones más altos.

Pendiente de cualquier detalle

Una de las reglas de oro de cualquier madrina de boda es saber mantenerse en segundo plano. Entre sus tareas está la de supervisar el acto y ocuparse de que todo esté en orden.

Al entrar en la ceremonia, sobre todo si se trata de una iglesia, la madrina entrará del brazo de su hijo, por el lado izquierdo y detrás del sacerdote. Durante la ceremonia, se sentará en el lado derecho en los primeros asientos para invitados, el mismo costado en el que estará sentado el novio. Además, la madrina puede tener unas lindas palabras para él durante la ceremonia aprovechando su destacado papel.